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La redefinición del liderazgo en la era de transformación digital supone la dignificación de la mujer

Las empresas que desarrollen el liderazgo femenino serán más innovadoras, inclusivas y responsables de su impacto social.

·      Las empresas que aprendan habilidades digitales y socio-emocionales serán más competitivas

La cultura organizacional es uno de los aspectos que trunca o posibilita las aspiraciones del talento femenino en las empresas. El liderazgo está en crisis y su redefinición supone ser responsables socialmente, promover la diversidad, flexibilizar nuestras creencias acerca del liderazgo e innovar nuestro paradigma sobre la conformación de equipos, por unos más equitativos que expresen valores genuinos frente a la igualdad de género.

En el marco de un Entrenamiento de Liderazgo para la transformación digital realizado en Bogotá el pasado 25 de Mayo en la conferencia “La Fuerza de la Confianza”, invité a fomentar el empoderamiento de la mujer en el mundo del trabajo porque contribuye a proteger la dignidad femenina, al desarrollo familiar, al crecimiento de las organizaciones y en últimas al progreso de las naciones. 

La revolución digital de las organizaciones requiere modelar culturas empresariales donde se inspire la Grandeza humana desde el respeto por los valores, la sensibilidad, la colaboración, la confianza, la comunicación, la creatividad, la capacitación permanente y la comprensión de otros, habilidades que las mujeres han incorporado a su estilo de liderazgo, remplazando con mayor horizontalidad las del arquetipo de la pirámide clásica que caracterizaba a las empresas de la antigüedad.

El liderazgo femenino en América Latina aún es insipiente. Somos testigos de cómo el reconocimiento de los derechos de las mujeres que la Organización de Naciones Unidas (ONU) instauró para que se nos permitiera tener voz y voto en la vida política de las Naciones ha quedado reducido a una norma sin eco suficiente en la realidad del liderazgo empresarial donde el cinismo y la indiferencia se manifiestan en empresas con misiones y visiones corporativas que no proyectan la realidad del clima organizacional, los valores y las conducta de los líderes de las empresas. La igualdad se convierte en desigualdad en todos los ámbitos de la vida social. Los primeros obstáculos son la falta de consciencia y educación en principios éticos, habilidades blandas y socio-afectivas.

Así pues, incluso mujeres latinas que se han preparado y han desarrollado las competencias profesionales han visto sus aspiraciones truncadas por falta de apoyo, sororidad y consciencia de equidad de género por parte de la alta gerencia de las empresas. Siendo una región donde las mujeres cabeza de familia son la mayoría, para ganarle a la pobreza y proteger la dignidad femenina se necesitan gerentes que influyan en la inclusión femenina en sus equipos y juntas directivas. Es clave impulsar la participación laboral de las mujeres, su liderazgo en la toma de decisiones y el cierre de la brecha salarial.

Las mujeres venimos dejando atrás el rol secundario en el mundo privado para aspirar a ocupar lugares importantes en la sociedad. En el siglo XXI, los patrones sociales y familiares han venido evolucionando a estructuras más planas e interconectadas, surgiendo nuevos esquemas de relacionamiento y características del liderazgo que difieren de las de eras anteriores. En los últimos 20 años, América Latina ha sido pionera en el mundo en el área de liderazgo de la mujer en el sector público. Somos la única región del mundo que ha contado con seis líderes de Estado ejerciendo el poder simultáneamente y, actualmente, somos la segunda región con mayor porcentaje de parlamentarias.

El empoderamiento de la mujer encuentra eco no sólo en la voz colectiva de la sociedad civil, sino en el mismo sistema internacional que con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas en donde han buscado respaldar las acciones que promuevan un mejor y pronto desarrollo en condiciones de igualdad para las niñas y mujeres. Uno de los grandes retos de esta agenda es que con perspectiva de géneroen pro de una verdadera igualdad se generaran acciones para atender el creciente dilema de la ambición femenina, que consiste en desarrollar una carrera profesional y conformar una familia, todo al mismo tiempo.

Según Forbes México, una revista especializada en el mundo de los negocios y las finanzas, en el sector privado persiste el llamado “techo de cristal”. De 1.259 empresas que cotizan en la bolsa de 31 países de América Latina y el Caribe, solo 37% cuenta con mujeres en sus directorios y 73% carece de mujeres en la alta gerencia. Según el estudio “Women, wehave a problema!”, elaborado por la consultora Right Management a más de 4,400 empleados y gerentes –entre los que participaron 2.200 mujeres- en 15 países, las mujeres están sub representadas en las industrias que se espera el mayor crecimiento del empleo, como la ingeniería, la tecnología y las ciencias matemáticas. Y, por otro lado, están sobre representadas en aquellos sectores más amenazados por la digitalización, como son las áreas de administración y de oficina. Es decir, no solo carecen de acceso a posiciones de liderazgo, sino que el liderazgo femenino enfrenta trabas para crecer en los sectores de mayor demanda.

En el peor de los casos, peligra su estabilidad laboral en puestos operativos o funcionales como personal administrativo o de atención en oficinas. A esta información, se suma la brecha de género y la falta de inclusión laboral que, según datos de Manpower Group, se encuentra al menos a una generación de distancia. Si bien es cierto que existen grandes progresos en el fomento de la participación y liderazgo de las mujeres en las organizaciones, éstos se han dado, en su mayoría, solo en posiciones de colaboración, mientras que en posiciones gerenciales la participación del género femenino se ha incrementado únicamente en 3% en los últimos 5 años.

 

Una de las conclusiones de mi conferencia sobre porque hablar de confianza y valores éticos en un contexto de cambio organizacional fue destacar que “Un nuevo liderazgo en la era de la transformación digital implica pensar que las mujeres estamos preparadas para asumir posiciones de poder, influir favorablemente en el ambiente laboral, en los resultados del negocio y en los entornos socioeconómicos”. Por esto es fundamental desarrollar nuevos paradigmas organizacionales y programas de formación tanto para desarrollar el talento digital como las habilidades blandas y preparar a las mujeres para asumir los cargos de liderazgo. Para esto, las mujeres líderes de hoy tienen la responsabilidad de solidarizarse e impulsar a las que vienen detrás para avanzar hacia los cargos de poder. Así como también los hombres líderes también tienen que jugar un papel activo como colegas, mentores y promotores de esta nueva generación. 

Algunas de las habilidades femeninas biológicas que facilitan al liderazgo del cambio cultural que implica la transformación digital son: 

·      Orientación a las personas: Son sociables, expresivas y cercanas, lo que brinda mucho potencial a la hora de lograr compromisos, sea con los objetivos de la organización o en un proyecto en particular.

·      Tendencia a la cooperación: Esto hace que el trabajo en equipo sea más natural, ya que ellas son activas en la inclusión y conteniendo a las personas. También se preocupan porque los procesos seas ordenados y sanos. 

·      Capacidad de actuar en muchas direcciones: Poseen la capacidad innata de pensar y actuar en muchas direcciones o temas al mismo tiempo. Esto es una ventaja a la hora de tomar decisiones y enfrentar crisis.

·      Conducción horizontal: El liderazgo femenino es inclusivo, alienta la participación y comparte el poder y la información con aquellos a quienes conduce. Tiende a crear y fortalecer las identidades de grupo.

·     Predominio de lo emocional: En general se hallan capacitadas para tener en cuenta el lado “humano” de las personas y generar altos niveles de empatía.

·      Mayor predisposición al cambio: Su estilo es innovador, con un firme sentido de la calidad, centrado en la persona, flexible, comunicativo y persuasivo.

Jessica Triana Castillo. Coach ejecutivo y ontológico

www.jessicatrianac.com

 

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